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sábado, 3 de agosto de 2019

¡BIENVENIDO P. AGUSTÍN...!!!

por ralero 
190705



El cielo se había vestido de alegría. Como cuando un pecador se arrepiente y lo celebran 99 justos; pero más, al tratarse de la llegada a casa de un hijo que regresa tras haber cumplido su misión. 
Noé y sus hijos habían tendido varios arco iris entre las nubes, como símbolo de júbilo y bienvenida, para quien había rescatado el signo de la Alianza en los tiempos modernos. 

En el comité de bienvenida estaban, alegres y un poco ansiosos (si es que cabe la ansiedad en aquellos lugares) María de la Luz, cuchicheando con su hermana Eva y, con ellas, Horacio... 
Por fin, se abrió un claro entre las nubes y de él emergió un hombre vestido con una brillante sotana blanca... 

"Bienvenido" dijo una paternal voz "porque fui un joven hambriento y me diste de comer la Palabra; fui un joven sediento y me diste de beber la esperanza; fui un joven forastero y edificaste un hogar para recibirme; fui un joven desnudo y me vestiste con la verdad; fui un joven enfermo y padeciste conmigo; fui un joven que vivía encarcelado y me enseñaste el Camino de la libertad..." siguió diciendo la voz... "¡Entra en la alegría de tu Señor...!!!" 

Enseguida y al tiempo toda la comitiva gritó: "¡Bienvenido, Agustín!" Y se acercaron todos a recibirlo algunos con abrazos otros con palmadas en su espalda, algunas con un beso en la mejilla... 

Pasado el primer alboroto, se acercó un hombre quién, sacando un papel de entré sus ropas leyó en la cursiva y elegante letra manuscrita: 

SONETO DE BIENVENIDA
Fuiste una inspiración de juventudes 
Al transmitir a Cristo nuestro Señor 
Visitaste no pocas latitudes 
Llevando siempre el ejemplo de su amor. 

A pesar de defectos y virtudes 
A la casa del Padre tú llegas hoy 
A calmar ya por fin tus inquietudes 
Pues siempre será más grande su perdón. 

Te doy la bienvenida, padre Agustín, 
A tu llegada al Reino de los Cielos; 
Espero te sientas dichoso y feliz, 

Pues cumpliste tu misión hacia ellos:
Tantos jóvenes que confiaron en ti, 
Gracias por Conchis, Ruth, Rafa y Alfredo... 

"Tu eres Rafael Valero..." dijo Agustín. 
"Domínguez..." completó aquel hombre "gracias, Agustín, por ayudarlos..."
Y se fundieron en un celestial abrazo fraterno... 

San Pedro Garza García, N. L. en el día del último "sí" a Dios del P Agustín Rojano Nava 





Enviado desde mi iPhone

viernes, 12 de octubre de 2018

MI GRUPO 10

por ralero 

Espero que mi memoria no me falle. Pero estoy preparado, si se requiere, para una cariñosa corrección fraterna...

Hoy hace 33 años (y me imagino a Jesús diciendo: “¡como yo!”) para estas horas después del ENPAJ del 23, 24 y 25 de marzo de 1984, después de haber vagado algunas semanas (o meses) de casa en casa reuniéndonos intentando ser un grupo; después de asentarnos en el Instituto Excélsior bajo la asesoría de Sor Eva y el acompañamiento de Andrés y algunos hermanos del grupo 4; después de asistir y vivir las “juntas” cada sábado durante casi un año... 

Un día como hoy, 12 de octubre de 1985, en el sótano bajo la capilla de María Auxiliadora del Excélsior, quedó legal y oficialmente formado (y cerrado) el Grupo 10 de la Comunidad Juvenil... (NdelR: ¡1984! ¡1984! No fue corrección fraterna pero hoy 12 de octubre de 2020 a las 9:52 horas, Gudelia Alejandra, alias Gude, que además de mi hermana de grupo es mi prima, mi tía o mi sobrina, hizo el apunte correspondiente al comentario efemerídico de Jorge, alias el Charlie o Charly) 

Amigos, Hermanos en Cristo, compañeros de encuentros, ternas, binas... ¡Feliz aniversario del Grupo 10...!!!

Tal vez no seamos el grupo más destacado, o el más fiel, o el más cooperador o qué se yo... pero lo que no me cabe duda es que somos mejores personas que aquel 12 de octubre...

Agradezco a Dios por cada uno de ustedes, por la oportunidad de conocerlos y compartir vida...

Les agradezco a ustedes todo lo que me dieron y me aguantaron, sus palabras, sus silencios, su compartir, y tantos tantos tantos abrazos de paz...

Les envío uno con mucho cariño...

¡Felicidades Grupo 10...!!!




Enviado desde el iPhone de ralero
arquitecto, músico, poeta y loco








domingo, 11 de enero de 2015

MI DIOS

por ralero 

En esta Vuelta 51 no puedo menos que reconocer la presencia de Dios en mi vida, por lo que en esta ocasión les comparto esta rola en reconocimiento a su amor por mi. Gracias a El por permitirme llegar a esta vuelta 51 y a ustedes por acompañarme en el transcurso de todas ellas. 

Guadalupe, N.L.  a 12 de enero de 2015



MI DIOS
letra y música: ralero

Mi Dios
Es aquel Dios de mis padres
Ese que cada domingo
Íbamos a visitar
Mi Dios
Es aquel Dios del santuario
A quien rezamos el rosario
De niños en Navidad


Mi Dios
Es aquel que en la primaria
De una escuela lasallista
Me enseñaron a rezar
Mi Dios
ese a quien me presentaron
Y por quien me prepararon
Por vez primera a comulgar

Mi Dios
Quién se llevó a mi padre
Quien dio fuerza  a mi madre
nunca nos desamparó
Mi Dios
Quien sostuvo a mis hermanos
Cuando lo necesitaron
Porque nunca lo hice yo

Mi Dios
Ese que en la secundaria
Como rebelde sin causa
Yo quise dejar atrás
Mi Dios
Nunca perdió la esperanza
Que por las buenas o las malas
Iba yo a regresar

Mi Dios
A quien le oraba tres veces
Cantando y tocando
Domingo al atardecer
Mi Dios
El de "Quiero ver en tu amor",
El de "Siempre", "Hombre de ayer",
El de "Digamos Amén"

Mi Dios
Que un sábado en la tarde
Me abrazo con mucho amor
Y siempre esperó por mi
Mi Dios
Quien nunca perdió la esperanza
Y pactamos una Alianza
En Comunidad Juvenil


Mi Dios
Que aunque siempre acompañado
Sabía que yo estaba solo
Y envió a Gaby, mi mujer
Mi Dios
Que mando dos angelitos
Para cuidar mientras crecen
que son Sebastián y Fer


Mi Dios
es papá, hermano, amigo,
Es novio y comprometido
Mi Dios es eso y más
Mi Dios
El que siempre va conmigo
Y oye bien lo que te digo
¡nos vamos a abrazar...!!!
Mi Dios
Es aquel que un pesebre
Nació una noche de diciembre
Bajo una estrella de luz
Mi Dios
Es aquel crucificado
Pero que ha resucitado
Y su nombre es Jesús

Mi Dios
Es creador del universo
Padre que está en los cielos
Mi Dios es Dios
Y a pesar de todo lo que diga
Todo puede ser mentira...
¡pues no podría describirlo jamás...!!!





domingo, 23 de marzo de 2014

EL ENPAJ

por ralero


La noche anterior a ese domingo no la recuerdo. No tanto por lo alocada que pudo haber sido como por los acontecimientos derivados a partir de ese día.

Yo me había desvelado más de la cuenta la noche del sábado y quizá hice lo mismo con el zumo de cebada, así que cuando mi hermano Alfredo me apuró a levantarme toda vez que el ya estaba vestido y alborotado hice caso omiso a su petición y continúe acostado. Él salió de la habitación tras un "te espero abajo" que me pareció escuchar a la lejanía.

No estoy seguro de si seguí dormido o si intente seguir haciéndolo, pero unos minutos después mi hermano entro a la habitación y tras verme aún acostado me volvió a apurar: "me voy a hacer fila, te espero en el Excélsior...".

Como si mi cuerpo fuera víctima de un inesperado incremento en la fuerza de gravedad, me levanté de la cama con la mayor lentitud de la que era capaz y, a pesar de que ya era tarde y con el riesgo de no alcanzar lugar en la fila, me metí a bañar tranquilamente, bajo el pretexto de que de ninguna manera saldría yo de la casa sin tomar aquella ducha.

Todavía, después de bañarme y vestirme, me senté en la mesa de la cocina a tomar un almuerzo; mi madre, quien creo lo preparó, me urgió a que desayunara rápido para qué alcanzara a Alfredo. No estoy seguro si pensé o dije: "si quieren que vaya, que me esperen...".

Caminé con desenfado por la calle de Viena, pasé la casa de la Sra. Norma y llegue a la esquina de los Valero Chávez desde donde pude ver a Alfredo, quien hacía fila detrás de Mando, y camine hacia ellos.

"Fórmate y no te salgas" me dijo "voy a ir a ayudar" y ahí quede en la fila, junto a Mando quien volteo conmigo y haciendo el gesto correspondiente me dijo "a mí también me trajeron... "

De ese día y las inscripciones no recuerdo más, pero a partir de ese domingo las cosas empezaron a cambiar en mi vida.

Llego el día esperado por muchos, aunque yo formaba parte de la excepción, la mayoría de la gente de los grupos 3 y 4 de la CJ junto a hermanos, primos o amigos que despedían formaban una muchedumbre fuera de lo común para un viernes por la tarde en el atrio de San Juan Bosco y toda la alegría y algarabía de una legión de muchachos subió con ellos a un autobús escolar el cual enfiló hacia la Ave. Garza Sada para tomar la carretera nacional rumbo al Barrial. Así empezaba el Encuentro Pascual Juvenil '84.

Desde que tomamos Garza Sada el ambiente del camión parecía más el de un día de campo que la antesala a un retiro. Pasando la Estanzuela el chofer, que era un muchacho de uno de los grupos se cambió al carril central para rebasar, pero no alcanzó a ver un auto que venía a su lado, por lo que lo golpeó y abolló (“¡vaya organización la de estos grupos” pensé yo criticando y buscándole detalles malos a todo esto del retiro); ambos vehículos nos detuvimos en la carretera, el joven del auto chocado estaba muy enojado y le reclamaba al muchacho que conducía.

El padre, que venía detrás del camión en una camioneta escolar, se detuvo y se integró a la discusión. Con mucha habilidad calmó al muchacho y le convenció de que siguiéramos cada quien su camino. El principal problema era que el joven del auto chocado había tomado el mueble sin permiso y, al parecer, no tenía licencia por lo que tendría muchos problemas con su papá; pero para fortuna de todos el joven era de la Linda Vista y el padre conocía al papá, así que el sacerdote convenció al joven de que hablaría con su padre para que todo se arreglara.

Por obvias razones, llegamos tarde al Barrial. Creo que bajamos del camión nos entregaron nuestras cosas y nos fuimos a acomodar al área que serviría como dormitorio de hombres: un salón grande sin muros divisorios y en cuyo piso dormiríamos cada quien en sus cobijas o sleeping bag, creo que algunos alcanzaron catre. Dejamos las cosas y salimos a la cancha de básquet (o voli, según fuera el caso) en la cual nos sentaron alrededor de la misma.

Ya estaba oscureciendo. Entonces habló el sacerdote encargado del retiro, el padre Agustín. Nos dio la bienvenida al retiro y nos explicó que la primera actividad que tendríamos sería de entregar nuestro tiempo a la vivencia del encuentro por lo que nos invitaba a despojarnos de nuestros relojes y depositarlos en unos cestos que el equipo de servicio pasaría entre nosotros pero, antes de eso, era importante que tomáramos una decisión: si alguno de los presentes no deseaba vivir el encuentro o se hallaba ahí a la fuerza podía en ese momento retirarse, el muchacho que hacía de chofer y algunos otros se regresaban a Monterrey por lo que podrían llevar a quienes no quisieran vivir el retiro y optaran por regresarse, no habría ningún problema y creo que hasta se le regresaría el dinero.

“Ya está” pensé “nada más se levante alguien y me levanto también para regresarme…” Hubo un lapso de silencio. El padre volvió a hablar preguntando si había alguien que quisiera retirarse, pero nadie contestó ni se puso de pie. Yo me quedé de a cuatro. Dudaba en pararme, pues no quería ser el único, no quería hacer el ridículo, según yo. “Bueno” dijo el padre “si nadie se regresa empecemos todos con el Encuentro, pase el equipo de servicio con los cestos para recoger los relojes”. Fue así como yo me quedé y empecé mi Encuentro Pascual Juvenil… mi reencuentro con Jesús…

El retiro continuó y yo estaba a la expectativa, tomaba parte de las actividades pero no participaba efusivamente, más bien trataba de permanecer en el anonimato. Tal vez el no intervenir activamente me ayudó a estar en continua comunicación conmigo, pensando y cuidándome de no “caer en la trampa de los grupos juveniles”, fue preparando mi mente y mi espíritu. Desde muy chico había tendido siempre a la reflexión, a la introspección y más que todo a la introversión.

Transcurrió el resto del viernes con diversas actividades, la cena y algunas actividades más. El sábado iniciamos temprano, algunos se bañaron otros lo dejaron para otro día, después del desayuno continuamos con las actividades.

A medio día, después de un plática nos separamos todos y cada quien buscó un lugar dónde estar para reflexionar acerca de la plática. Yo me senté en la banqueta perimetral que daba a los dormitorios, de cara a una ventana para evitar distraerme con el rancho o con alguno de los otros que vivían el retiro.

Entonces sucedió.

Fue como mirarme a mí mismo a los ojos, supongo que cada mañana me veía al espejo al peinarme, pero esta vez era como mirarme directamente a los ojos y, entonces, lentamente mi cuerpo y mi espíritu se fue llenando de algo que, en estos momentos que escribo alcanzo a volver a sentir, pero no puedo todavía a describir: solo sé que el sentimiento se apoderó de mi y empecé a llorar sin poder detenerme (como aquella tarde aún ahorita no puedo evitar que se me escapen algunas lágrimas, ustedes disculpen si se llegan a correr las letras en la pantalla), dejé de pensar y solo seguí llorando, sentía en mí todos aquellos sentimientos (no sé si llamarlos malos o negativos) y recuerdos que había tenido en mi vida, el dolor, el miedo, la frustración, el desamparo, el odio, la muerte … no me podía controlar… no me podían detener…

La siguiente actividad fue comunitaria y estuvo acompañada de un acto de contrición. Yo aún estaba con el sentimiento de la actividad anterior. En un momento determinado caminé hacia la Cruz y me hinqué ante ella y no pude evitar volver a llorar con la misma fuerza o más que la vez anterior.

Cuando terminó la actividad ya me había calmado. Creo que luego comimos y hubo un momento de juegos en el que quien quisiera podría confesarse. Yo aproveché y fui con el padre Agustín, además de confesarme y confesarle que él me había caido mal desde la primera vez que lo vi (ver El Pater), le pregunté qué había pasado en las actividades anteriores. Si había sido algún tipo de psicosis o crisis o algo así. “¿qué crees tú que pasó?” me dijo él. Yo pensaba que no había sido nada de eso. “Ha sido Jesús” creo que me dijo él “quien te ha liberado y sacado de tu corazón todo lo que te oprimía” y mirándome por sobre la montura de sus lentes “ahora tienes que llenarlo con amor”.

Sobra decir que el resto del encuentro lo viví al máximo y tan entregado a él que no me di cuenta de ello hasta después de la misa final, cuando me sorprendí a mi mismo bailando al compas de “Un millón de amigos”, de Roberto Carlos, al voltear y ver el rostro de Mando, quien tocaba la rola en la guitarra, y me veía fijamente con una sonrisa…

Hoy no dejo de agradecer a Dios por esa experiencia, por la insistencia de Alfredo, mi hermano, por el P. Agustín, por la Gran Comunidad Juvenil.

Hoy hace treinta años que viví ese Encuentro y aunque volví a alejarme de Jesús varias veces y otras tantas me he esforzado en regresar, sigo intentando convertirme, sigo tratando de seguirlo, de llenar mi corazón con su amor para poder decir: “Cristo en mi siempre…”






lunes, 27 de agosto de 2012

EL PÁTER

por ralero






Lo recuerdo como si hubiera sido la tarde de este sábado próximo pasado.

Estábamos en el auditorio del Instituto Excélsior apoyando a los aleluyos en los ensayos para presentar una obra musical sobre Don Bosco: La Cantata. Creo que por la intercesión de José Luis, mi primo, y de Mando, en ese entonces novio de una chica de los grupos, quienes tocaban en el coro, además de la cercanía y la familiaridad religiosa pues nosotros éramos del coro de San Juan Bosco y los grupos eran dirigidos por las Hijas de María Auxiliadora y los Salesianos, no podía ser de otra manera.

Manuel Treviño tocaba la guitarra, Mando y/o José Luis el bajo (u otra guitarra, eso sí no me acuerdo), Rafa Trejo el teclado y yo, la batería. Los muchachos de los grupos cantaban y bailaban la obra.

Era uno de los primeros ensayos, si no es que el primero, y la verdad reinaba más la desorganización que otra cosa.

Entonces apareció él.

Entrando por el pasillo del lado oriente del auditorio y con un séquito de jóvenes tras de sí… Era un señor de más que mediana edad, piel tirando más a morena, unos lentes al estilo de Jim Jones, camisa azul con algunas rayas más claras en sentido vertical y reloj de extensible plateado (o dorado, la verdad es que no soy tan víbora) en su muñeca izquierda.

“A ver, a ver” dijo el señor este alzando la voz “qué estamos haciendo, esto no es un ensayo, esto parece más bien un mercado de chachalacas…” (Bueno, dijo algo más o menos así). Al momento todos los muchachos arriba del escenario, al igual que los que estaban en las primeras filas de las butacas e incluso Sor Eva, quien se hallaba entre éstos últimos se cuadraron ante éstas palabras, guardaron silencio y pusieron absorta atención a las indicaciones de este señor.

“Todos arriba del escenario, por favor…” dijo él. Subieron quienes estaban en las butacas, incluso Sor Eva, nosotros los músicos estábamos al lado derecho del escenario mirándo a éste de frente, y nos quedamos viendo  la acción sin movernos y sin hablar.

“Vamos a hacer oración y ofrecer este ensayo a Dios nuestro Señor” dijo él invitando a todos a formar un círculo al centro del escenario y a tomarse de las manos. “Pos bueno, que recen” pensé yo para mis adentros sin moverme de la batería. “Nos unimos todos a la oración” dijo alguien indicándome que me moviera hacia el círculo e integrándome al mismo.

Alguien habló en voz alta invocando la ayuda de Dios y ofreciéndole el ensayo, la mayoría (si no es que todos) estaban con los ojos cerrados, después hizo una introducción para decir el Padrenuestro el cual rezamos todos alzando las manos aún unidas y posteriormente pidió a María su intercesión para que todo saliera lo mejor posible en este ensayo y en la obra en general por el bien de los jóvenes y para Gloria de Dios. Terminamos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Yo estaba un poco molesto pues pensaba con qué derecho ese señor de los lentes se atrevía a ordenarnos algo a los músicos, que no pertenecíamos a los grupos; bueno al menos no todos.

El señor de los lentes me cayó mal.

Siguieron los ensayos y tiempo después la presentación de la obra, la cual creo que fue un éxito. Se presentó ahí mismo en el Excélsior y en el auditorio de un mercado de abastos de la ciudad. Creo que al año siguiente y otros más se volvió a montar por el mes de enero, en que se celebra su día.

Meses después de aquel ensayo me hallaba yo en la fila para inscribirme al  ENPAJ 84, semanas más tarde de la inscripción lo estaba viviendo y en el segundo día del encuentro que fue el más impactante para mí, tuve la oportunidad de confesarme por la tarde de ese sábado con el aquel señor de lentes que me había caído mal.

Eso fue lo primero que le dije, narrándole lo que a principios de este escrito les he compartido. Él, ni se acordaba.

Automáticamente fue nombrado mi confesor de cabecera y a partir de allí nació una relación de amistad que me ha ayudado a terminar de formarme como joven y como hombre, pasando a engrosar las filas de quienes Dios ha permitido que compartan conmigo un poco de su tiempo, de su atención y sus ideas complementando la figura paterna que en su momento la vida me arrebató.

Hace poco, me encontré con él en la celebración de los 25 años del 20. Me recibió y saludó con ese tono paternal que siempre he sentido de él, le volví a presentar a mi familia (Gaby dice que siempre que nos lo encontramos hago lo mismo) y haciendo el movimiento característico de sus ojos sobre sus lentes para esquivar el aumento me preguntó mirándome a los ojos (como sólo él suele hacerlo): “¿y sigues escribiendo, Rafa?”.

Tras mi afirmación continuó diciendo: “qué bueno, no lo dejes de hacer…”. Posteriormente se perdió entre los saludos y abrazos de los demás hermanos del 20 y sus familias.

En esa reunión tuve la oportunidad de ver algunas de las ideas y sueños que en los primeros años de Comunidad Juvenil tuvo el P. Agustín y que Dios le ha permitido materializar. Recordé y comenté a mi familia que en el principio no había nada en el terreno y en alguna ocasión vinimos los del grupo 10 a sembrar árboles; les platiqué también que ahí en la Casa de Encuentros había sido mi primer trabajo como arquitecto, supervisando la construcción del módulo de baños (la alberca, la palapa y la casa de las tías ya estaban) mientras hacía yo el servicio de Coordinación General, de manera que tenía la oportunidad de hacer las visitas a los diferentes centros de la comunidad, incluyendo Saltillo e Irapuato, y alguno que otro viaje que hice a Guadalajara a algún centro salesiano.

Cuando nos dispusimos para retirarnos de la celebración, me despedí de él con un fuerte apretón de manos y un gran abrazo, posterior a éste último me volvió a mirar por sobre sus lentes que alguna vez se parecieron a los de Jim Jones y viéndome directamente a los ojos (como sólo él sabe hacerlo) me ha pedido que no me aleje demasiado, he quedado con él en darme una vuelta...
No me he dado la vuelta…aún, pero espero que esta vez las cosas urgentes no impidan realizar las importantes.
¡Feliz cumpleaños, padre Agustín!
Y como le dije en aquel cuento que le regalé hace ya algunos años: "Espero que Dios le de su merecido..."

Cuando así sea acuérdese de mi e interceda ante El.
Que Dios lo siga bendiciendo...
Un abrazo...
con cariño
Rafa Valero
(habrán de disculpar el doble signado, pero es algo que no pude evitar...)